Quatre cancons de M. Marti i Pol Op.26 Ver más grande

Cuatro canciones (sobre poemas de M. Marti i Pol) Op.26

DE118

  Con un mensaje unitario, cada canción tiene un lenguaje estético distinto y requiere una soprano o un tenor con una gran versatilidad vocal. Los textos de Martí i Pol son la causa de esta variedad estética. Con el propósito de captar todo cuánto me comunicaban estos magníficos poemas, mi propio lenguaje surgió espontáneo y casi inconscientmente.

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16,06 € impuestos inc.

Edición: Papel

    Época Siglo XX
    Instrumentos Voz, piano
    Idioma del texto Catalán
    Edición Papel

                Fueron compuestas en su época de estudiante en 1981 para la clase de composición del maestro Xavier Montsalvatge en el Conservatorio Superior de Música de Barcelona; los cuatro poemasde Miquel Martí i Pol pertenecen a la obra Vint-i-set poemes en tres temps (Veintisiete poemas en tres tiempos) y ofrecen una gran variedad de sensaciones.

                Con un mensaje unitario, cada canción tiene un lenguaje estético distinto y requiere una soprano o un tenor con una gran versatilidad vocal. Los textos de Martí i Pol son la causa de esta variedad estética. Con el propósito de captar todo cuánto me comunicaban estos magníficos poemas, mi propio lenguaje surgió espontáneo y casi inconscientmente.

                La primera canción Ah, com hauria estat bell (Ah, qué bello habría sido) es una pieza muy lírica, tonal, romántica y melancólica. Aquesta remor que se sent (Este susurro que se escucha) es oscura, dramática, psicológica de gradaciones sonoras y ambientes torturados. Vocalmente también exige mucho de todos los registros del cantante. El estilo de la pieza Del bosc abans tan pròxim (De aquel bosque antes tan próximo) es un interludio sereno, recuperando un poco el lirismo de la primera canción pero más contemplativo y evocador. La última canción Es pot dir amb foc encara (Puede decirse con fuego aún) contiene dos partes: la primera (Allegro feroce), frenética, irada, disonante y rápida, protestando por la situación política opresiva del momento; la segunda parte (Andante sostenuto) tiene una gran fuerza expresiva que denota resignación y aceptación de la realidad. El sentimiento de impotencia individual se impone con un final donde el tempo se serena poco a poco hasta que la música se pierde en el infinito.

     

    Salvador Brotons

    (Abril, 2005)

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