Atentament Ver más grande

Atentament

DE399

Nuix, Jep Autor:
Nuix, Jep

Se inicia la obra con una única idea, un único efecto para explotarlo hasta el límite.

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6,21 € impuestos inc.

    Época s. XX
    Instrumentos contrabajo
    Páginas 16
    Duración 10 min
    Contenido partitura
    ISMN 979-0-3502-0474-6
    Precio edición impresa 10,66€

    A los compositores siempre les ha motivado conocer a buenos intérpretes ya que por un lado eso les estimula su creatividad y por el otro es garantía de buenas interpretaciones de sus obras.

    Jep Nuix tiene muchas obras dedicadas a instrumentistas concretos y es interesante la fascinación que siente un flautista como él por el contrabajo. Inmediatamente afloran cuatro nombres de contrabajistas que han sido motivo e intérpretes de las obras que comentamos: Daniel Machado, Enric Ponsa, Rafael Esteve y Corrado Canonici.

    A partir de este punto de arranque parte una exhaustiva investigación de posibilidades sonoras en el contrabajo: simultaneidad pizzicatto y arco, glissandos, armónicos, trémolos... todo probado y pactado con los intérpretes.

    Ahora bien todas estas consideraciones técnicas interpretativas no lastran la libre creatividad de Jep Nuix. Al contrario, cuanto más precisiones él recibe de los instrumentistas, más libre se siente y, lo más importante, sabe cómo usar esas opciones en favor de su creatividad. Así, las obras se escuchan sin ningún tipo de corsé, sin que las largas charlas autor-intérprete hayan provocado ningún tipo de desviación ni que haya ningún efecto entrado con calzador.

    En la obra Atentament, al contrario que en su obra Gallinària, el planteamiento inicial parece ser mucho más técnico, más mental y, como es muy típico en Jep Nuix, muy progresivo. Se inicia la obra con una única idea, un único efecto para explotarlo hasta el límite, para cambiarlo y aumentarlo.

    Es imposible empezar con menos material, con una sola nota, en un pasaje que, aunque esté todo escrito, no deja de ser un efecto para averiguar hasta dónde se puede forzar una nota del contrabajo antes de que se rompa o antes que sea devorada por sus propios armónicos. Y, después de una sola nota... dos notas! Y luego la octava y después la doble octava... para continuar explorando sonoridades: más cerca del puente, matando a la fundamental, alternando arco y pizzicato, glissandos y trémolos simultáneos, cuartos de tono, progresiones desde sul tasto hasta sul ponticello, col legno...

    Y así podría ir describiendo esta retahíla de elucubraciones sobre las posibilidades del contrabajo pero llega un momento crucial: cuando se deja de pensar en todo lo que se cocina en la partitura y uno se encuentra escuchando música. Hay un momento en el que se le da la vuelta y se deja de analizar y de intentar reconocer qué está pasando y cómo se hace para conseguir una tan amplia variedad de sonidos... para pasar simplemente a escuchar y a dejarse envolver por sonoridades que ya no se perciben como técnicas sino simplemente como sensaciones.

    Es la técnica al servicio de la música y no al revés. Al final se aplaude al instrumentista por las complicaciones que ha tenido que superar y, a la vez, a la música para ser tan diáfana. Es la dificultad al servicio de la sencillez y la complejidad al servicio de las sensaciones más básicas del placer auditivo.

     

    Frederic Sesé

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