Quatre soliloquis Ver más grande

Quatre soliloquis

AC264

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Los Quatre soliloquis de Francesc Taverna Bech consisten en cuatro movimientos evocadores y apasionados que propician la comunicación sólo con que el intérprete se los apropie. Se abren con gran refinamiento que se concreta en una original línea melódica que conduce a sonidos de dobles cuerdas.

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16,00 € impuestos inc.

Edición: Papel

    Época Siglo XX
    Instrumentos Violín
    Páginas 10
    Duración 14 min.
    Contenido Partitura
    ISMN 979-0-3502-0775-4
    Edición Papel

    El propio compositor, Francesc Taverna-Bech, quién dedicó estos Quatre Soliloquis al violinista Antoni Brosa, la describía de esta forma: “despliega líneas seriales en torno a un monólogo que ya nunca será diálogo”. Antes de este comentario del compositor, uno ya había escrito, haciendo honor al título, que eran un interrogante y un diálogo con uno mismo sobre elementos exteriores que nos impactan.
    Se trata de cuatro movimientos evocadores y apasionados que propician la comunicación sólo con que el intérprete se los apropie. Se abren con gran refinamiento que se concreta en una original línea melódica que conduce a sonidos de dobles cuerdas. El segundo desarrolla trinados que persisten en un eco audible hasta llegar a una argumentación que es transformada en anhelo en el tercero. I en el último se escuchan raíces profundas de tradición popular.
    Este mismo año de la composición fue muy fecundo en cuanto a la producción del compositor. La OBC había estrenado la obra Contrasts, la primera obra que puede considerarse sinfónica, e inició la composición de otra, Estampes. Había escrito Aforismes, para voz y piano, y además inició una rapsodia para piano y cuerda, Auguris.
    Hay que tener en cuenta que en el ámbito de Soliloquis, estrenada en 1989 por Néstor Eidler, es un homenaje impregnado por la nostalgia que, después de una gran carrera internacional, el violinista no fuera suficientemente reconocido. “Toda la labor de Antoni Brosa que tanto hubiera podido aportar a la música catalana – escribe Taverna – pasara casi desapercibida”.


    Jordi Maluquer